06-16-2017 Equipo OTD

Entrevista Constanza Valdés Revista Qué Pasa: La primera victoria trans



Por Nicolás Alonso Junio 16, 2017

Constanza lo supo a los 18, pero tardó cinco años en aceptarlo. Le daba miedo salir a la calle y que en alguna esquina alguien le pegara una puñalada. Entonces acababa de entrar a estudiar Derecho en la UDP, y también temía que le generara problemas académicos o con sus compañeros. Tuvo que egresar de la carrera para atreverse a mostrarse en público con sus labios pintados, vestida de mujer, y más importante: para pedirle a la jefa de carrera que a partir de entonces sus papeles llevaran el nombre con el que se sentía cómoda, Constanza Valdés.

El año pasado, finalmente, comenzó el proceso en Tribunales para cambiar de nombre y de sexo registral. Un camino que en Chile no es fácil: para permitir el cambio, cuenta, muchos jueces exigen que el solicitante ya se haya operado los genitales, que tome hormonas y que se realice exámenes físicos y psicológicos en el Servicio Médico Legal. Ella no estaba dispuesta a eso, y su caso, como muchos, aún sigue en espera. En tanto, se transformó en asesora legal de Organizando Trans Diversidades, la ONG trans chilena, y en los últimos meses ha pasado casi tanto tiempo en el Senado como en Santiago, pidiendo reuniones con parlamentarios, siendo recibida sólo por asesores. También viajó a Costa Rica y Argentina, donde expuso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Ahí contó lo que ha visto: que en Chile las personas trans deben pasar por exámenes vejatorios para cambiar de nombre y sexo en su carnet, y que si no lo logran, no consiguen trabajo. O se ven forzadas a prostituirse. También hizo un llamado al Estado chileno para que deje de mirar a las personas trans como enfermas, y apruebe la Ley de Identidad de Género. Esta semana, luego de cuatro años de tramitación, más de 300 indicaciones y aún envuelto en polémica, el proyecto de ley fue despachado por el Senado y pasó a la Cámara, donde volverá a revisarse.

De ser aprobado allí, por primera vez las personas trans mayores de edad podrán cambiar de nombre y sexo con un simple trámite en el Registro Civil. Pero los menores, en cambio, no podrán hacerlo, ni siquiera apoyados por sus padres o médicos. Además,  cualquier trans que quiera lograr el cambio deberá presentar un certificado que acredite que no tienen ningún trastorno mental. Esa indicación la indigna —dice sentada en un departamento donde vive con su pareja y seis gatos—, porque sigue poniendo cerca la identidad de género con las enfermedades. Pero que la ley saliera del Senado, dice la recién designada vocera del Frente Amplio por el Partido Pirata, por lo menos es un primer paso. Una victoria parcial.

—La lógica que se da en esta discusión es que nos ven como personas enfermas. Ahora se aprobó una indicación del senador Ignacio Walker que exige que presentemos un certificado médico que demuestre que estamos sanos. En el fondo, se trata de descartar que exista un trastorno que influya en que nos creamos algo que no somos. Si te dejan cambiar de nombre, tienen que estar seguros de que lo creas en serio, que no tengas bipolaridad, que no te vayas a echar para atrás. Nunca dicen “eres una mujer”, siempre te ven como alguien enfermo.

—¿Te tocó oír cosas de ese tipo en el Senado?

—Me tocó escuchar cosas estúpidas, incluso a una endocrinóloga de la U. de los Andes, Francisca Ugarte, que dijo que muchos somos así por haber sido abusados. Cuando el señor Allamand cree que ser trans puede ser un arrebato, es producto de su ignorancia. Ossandón habló de un niño trans que se había arrepentido de operarse, y en realidad era un niño intersex. Los parlamentarios no leen, no buscan informarse. No es ningún arrebato ser trans en esta sociedad, más bien es un calvario.

—¿Cuál es la victoria que obtendrían con esta ley?

–Que ya nadie podrá pedirte un examen psiquiátrico para cambiar tu apariencia, ni un examen físico si quieres cambiar tu nombre. Hoy a los trans que piden cambio de nombre y de sexo registral los mandan al SML, en donde te hacen exámenes psicológicos, y te hacen desnudarte para ver qué tanto corresponde tu cuerpo con lo que dices ser. Te revisan los genitales, o en el caso de las chicas, te hacen abrirte de piernas. Hasta te preguntan si pueden tomarte fotografías. Es casi una violación.

—¿Qué buscan con eso?

—Consideran que para ser trans tienes que mostrar ciertos cambios físicos, creen que el sexo son los genitales; si te cortas el pene y vuelves con vagina, entonces te otorgan el cambio. Yo pienso que detrás de eso hay otra premisa, que es que las personas trans se esterilicen, que no se puedan reproducir. Y eso es una violación de tus derechos.

—¿Es una derrota que los niños queden fuera de la ley?

—Esa es la mayor derrota, y hace mucho daño a los niños trans. Hay muchos que a temprana edad ya expresan su identidad de género, y mientras tengan un nombre y sexo distinto en su carnet de identidad, siempre van a estar expuestos a la discriminación. En el momento de matricularse en un colegio, por ejemplo. Aunque haya una circular de la Superintendencia que diga que no hay que discriminar, si en tu carnet dice que sigues siendo hombre, eso siempre emerge.

—¿Un niño puede saber con total certeza que es trans?

—Sí, con la misma certeza que tiene un niño que nace hombre y se siente hombre.  Y aunque se equivocara, la decisión podría revertirse, como decía el proyecto original.

—¿Conociste a alguien que se haya arrepentido?

—Nunca conocí un caso, ni uno solo.

—¿Crees que la ley generará mayor aceptación social a las personas trans?

—En Argentina lo logró. Las cosas legales son validadas, se vuelven reales. Aunque en la calle te digan que estás enfermo, aunque te lo diga una doctora, si legalmente la situación de los trans deja de ser vista como una patología, entonces es algo real. En este caso, el cambio cultural tendrá que ser forzado por una ley, y una de las cosas más importantes era poder cambiar de nombre y de sexo registral. Cuando una persona trans cambia legalmente de nombre y de sexo, ya no te pueden preguntar nada en el trabajo, eres como cualquiera. De eso se trata.

Fuente: Revista Qué Pasa


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